domingo, 25 de abril de 2010

Libre verso y pensamiento.


¿Por qué el verso ha de estar encadenado?
¿Por qué si no existe rima continua
no va a ser poesía?
¿Por qué ha de estar el pensamiento censurado?
¿Porque se dice la verdad?
¿Porque las palabras son puñales
e hieren a los que no las quieren escuchar?
Tienen poder de lacerar o de sanar,
de equivocarse o de rectificar,
de herir o de amar,
de gritar por la libertad.

De mostrar lo que está escondido
en los recovecos de este alma
y así puedas entender sus sentimientos,
sueños, pasiones, rebeldías y sensaciones
que no saldrían a la luz si no fuera por estas palabras reflejadas.

Marta Roca G. ®


sábado, 24 de abril de 2010

Vive, existe, habita.

Ama como si nunca te hubiesen herido
porque si por el contrario lo haces
ni amarás ni dejarás que te amen.
Ríe como si no conocieras tristeza alguna
pues al existir con pena, la vida se desaprovecha.
Baila como si nadie te mirase:
que no exista rubor por vergüenza.

Escribe para que tus sentimientos hablen
y no se atolondren ni rezaguen
ni enmascaren en la cruda realidad que los reprime.
Observa cual inocencia pueril
y disfruta de ella sin ningún recelo.
Sorprende cual imaginación sin límites.
Escucha con los oídos, la mente y el corazón
las experiencias y errores de la vida;
no te encocores por las faltas cometidas mas aprende de ellas.
Lee y descubre por ti mismo que
el mundo de la ignorancia es demasiado afable;
y así discierne con cacumen lo bueno de lo que lo es menos.
Sé tú y absolutamente tú,
no te dejes contaminar ni arrastrar por la corriente.

Pero ante todo: vive
porque el pasado, pasado fue;
el futuro es ignoto e incierto;
pero el presente…
el presente está en la palma de tus manos,
en el índice de tus Versos .

Marta Roca G. ®

miércoles, 21 de abril de 2010

Tres.

“Tenemos que hablar”. Esa fue la frase que marcó definitivamente el fin de nuestra relación. Tenía miedo a oírla. Miedo a oír algo parecido. Miedo al fin. No quería perderla y aún me sigo preguntando si la hubiese podido salvar. Todavía quedan muchas heridas que sanar, muchos arañazos que antes fueron caricias, muchos mordiscos que antes fueron besos, muchos gritos que antes fueron susurros. Y no es que me maltratase. Para nada. En absoluto. Es que ahora esos recuerdos tan hermosos, tan tiernos, tan llenos de cariño, amor, placer, alegría, son los que no paran de torturarme día tras día, hora tras hora, segundo tras segundo, cada momento hirientemente vivido desde que leí aquellas tres palabras escritas en la mesilla, junto a aquella cama en la que tanto compartimos y en la que tantas confesiones nos hicimos. Ella se había ido. Para siempre. Ya no volvería. Nunca…

Hubiese querido decirle que no, que no estaba de acuerdo. Si yo había luchado por la relación y tenía menos, ella que lo tenía todo menos a mí, en carne y hueso, en el día a día no podía sucumbir. Pero no pude. No podía hacerle eso. Era libre como un pajarillo. Era un espíritu independiente. No podía sentirse atada. Fue incapaz de entregarse aunque no se diese cuenta de que hizo más de lo que nunca hubiese imaginado.

Tal vez no me chocaron tanto esas palabras puesto que esa muerte ya se venía anunciando desde hace tiempo. ¿Por qué? Pues no lo sé. Quizá la rutina. Quizá la diferencia de horarios. Quizá los diferentes proyectos de vida y los años de edad que nos separaban. O quizá la distancia. Dicen que la distancia es el olvido, pero pese a todo lo vivido, iluso yo, sigo pensando que la distancia refuerza y hace que valoremos más lo que tenemos, los momentos vividos, los momentos venideros: todo. Si uno no quiere, dos no pueden.

Me hubiese gustado decirle que lo dejaba todo por ella, que aún tenía tiempo de volver a empezar de nuevo y sobre todo de empezar y continuar junto a ella. Pero fui incapaz de hacerle eso. No quería que me viese tan hundido, tan herido ni tan roto en añicos que decidiese apartarse de mi vida por completo para que consiguiera olvidarle. Olvidarle más bien no, sino pasar página, volver a enamorarme, sentirme correspondido como merecía (como ella me decía). Porque nunca podremos olvidarnos. Hemos marcado nuestras vidas en cada surco de nuestra piel. Toda ella está llena de recuerdos, desde los más cariñosos, tiernos, infantiles e inocentes hasta los picarones o los más tristes. Nunca borraré aquella mañana que me acerqué a buscarla, a decirle que me iba, que había llegado aquella llamada tan deseada y a la vez tan temida. Era un sentimiento entre alegría, confusión y dolor. Pero ella secó mis lágrimas. Nunca vi las suyas. Qué sentía, me preguntaba a cada instante. Era una caja de sorpresas, de secretos o simplemente de vivencias no contadas, de historias guardadas o plasmadas en prosa y verso en aquellos papeles que guardaba en su escritorio. No, nunca nos pertenecimos y seguramente tampoco lo quisimos. Qué es el amor sin libertad. Nada. Qué es el amor sin comprensión. Menos. Y ahora me pregunto, ¿existe dasamor sin dolor?

Marta Roca G. ®

miércoles, 31 de marzo de 2010

La distancia no es el olvido.


"Ser o no ser"
ya lo dijo él.
Ser contigo
y ser sin ti:
no es lo mismo.

Te imagino a mi lado
dormido, despierto,
tarareando, hablando...
¿Qué más da?

Siento tranquilidad.
Todo tiempo junto a ti
parece escaso a este paladar
que te llama a susurros,
en prosa y verso,
a gritos y desde lejos.

Marta Roca G. ®

sábado, 6 de marzo de 2010

Una de cada y otra de añoranza.


En cada mirada que encuentro,
busco la tuya.
En cada voz que oigo
pienso que me hablas.
En cada caricia que imagino,
quiero sentir que fuera una tuya.
En cada sueño que tengo
quisiera que al despertar
te encontrase junto a mí,
compartiendo la misma almohada, la misma cama.


Cada noche que salgo
desearía poder disfrutarla en tu compañía.
Cada beso recibido, sentido, amado, complacido,
cada caricia, cada susurro, cada momento vivido,
cada sueño deseado, cada abrazo, cada detalle...
Todos esos "cada" y cada uno en especial
ayudan a que pueda tenerte lo más lejos a mi lado.

Marta Roca G. ®

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Sueños...


Sueños que vienen y sueños que van,
sueños que proliferan,
sueños que marchitan,
sueños que se estancan
y sueños que brotan.

Sueños que no te dejan dormir.
Sueños que te arrancan lágrimas
de lo más profundo del alma.
Sueños por los que te desvives día y noche.
Sueños que te atrapan.

Sueños que se comen el tiempo,
sueños que sucumben a él.
Sueños que te aterran
y sueños que te abrazan y te besan.

Sueños...

Sueños que defiendes.
Sueños que se esfuman.
Sueños que son metas
y sueños que ya... no intentas.

Sueños que te sacan la sonrisa.
Sueños no cumplidos
que te desgarran el alma.
Sueños suspirados.
Sueños admirados.
Sueños aparcados.
Sueños abandonados.

¿Sueños alcanzados?
Realidades encarnadas,
ilusiones perseguidas,
objetivos cumplidos...
Y todos gracias a esos sueños
de los que ya no esperaba nada.

Marta Roca G. ®